ARROZ CON LECHE
Taller de iniciación a la danza árabe
para mujeres de la 3a edad
22 de octubre, 11 hrs
24 de octubre, 16 hrs
Centro Cultural Casa del Tiempo UAM Gral. Pedro Antonio de Los Santos #84,
San Miguel Chapultepec I Secc, Miguel Hidalgo, 11850 Ciudad de México, CDMX
A través de la danza potenciaremos a las mujeres de la tercera edad, quienes presentan desafíos y oportunidades únicas para las personas que aún se interesan en el aprendizaje y el desarrollo personal. La vejez es naturalmente un tiempo de exploración espiritual e introspección y requiere del fomento de la autonomía y la prevención de la dependencia, así que la educación artística en este periodo vital, suele ser trascendente y significativa, pese a que frecuentemente las personas experimentan una exposición y vulnerabilidad diferencial ante los factores que ponen en riesgo su salud física y mental.
En la práctica, el movimiento se convierte en un espacio de diálogo interno y externo. Las participantes —mujeres de la tercera edad en contextos urbanos de la CDMX— encuentran en la danza integrativa una herramienta para reorganizar la relación con su cuerpo, atravesado por los signos del envejecimiento y por discursos culturales que lo asocian con la pérdida de valor. A través del aprendizaje de secuencias rítmicas, la exploración de gestos y la improvisación, se activa un proceso educativo que impacta en tres niveles:
- Cognitivo: coordinación, comprensión y retención de estructuras rítmicas.
- Emocional: liberación de ansiedad, manejo de la frustración, desarrollo de resiliencia.
- Social: creación de redes de apoyo, fortalecimiento del sentido de pertenencia y empoderamiento femenino.
Este acompañamiento no busca sustituir la terapia, pero sí reconoce que el aprendizaje artístico puede reparar, sostener y reconfigurar la subjetividad en escenarios de vulnerabilidad. La danza, al involucrar simultáneamente la dimensión física y la simbólica, devuelve al cuerpo su lugar como portador de significado y no solo como organismo que envejece. La frontera entre educación y psicoterapia se convierte, entonces, en un espacio ético: el facilitador requiere habilidades terapéuticas para diseñar experiencias que cuidan, que generan condiciones para que las participantes elaboren emociones y fortalezcan la autonomía. Este enfoque evita el riesgo de medicalizar la vejez, proponiendo en cambio una pedagogía sensible a la dimensión afectiva.







